El Gobierno evalúa postular este año a Rafael Grossi para ocupar el cargo de director general de la OIEA para el tramo 2021-2025. En caso de ser propuesto -la candidatura tiene que ser presentada por el presidente Mauricio Macri y el canciller Jorge Faurie-, el embajador se sometería a una votación de la dirección del organismo. Si se impone, pondría fin a la titularidad del japonés Yuyika Amano, quien transita su tercer mandato.

Conocido en el ambiente, Grossi es para muchos un candidato «natural» a dirigir el organismo que, entre otras tareas, regula las inspecciones a las instalaciones nucleares para evitar desviaciones en el uso pacífico de la energía nuclear, busca avanzar hacia el desarme mundial y administra las tensiones que puedan generarse entre los pocos países que tienen su arsenal.

Experto en energía nuclear, el representante argentino ante la Ctbto también es embajador en Austria y su nombre suena fuerte para liderar el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la entidad de suma relevancia mundial en lo que refiere a los distintos usos de la energía nuclear y, en particular, al control de la proliferación de armas nucleares.

Diplomático, Grossi es cuidadoso con sus declaraciones y evita hablar de las políticas específicas de algunos gobiernos que elevan el nivel de tensión, como la amenaza de Donald Trump de abandonar el histórico pacto nuclear que Estados Unidos firmó con Rusia en 1987 y que alivió las presiones de la Guerra Fría.

«Más allá de las circunstancias y de la coyuntura internacional, lo fundamental es preservar y fortalecer el régimen de no proliferación, que tienen que tener un fuerte apoyo de todos los países. Si se está en un momento de mayor tensión hay que redoblar los esfuerzos para que el régimen no se erosione», explica.

Hoy poseen armas nucleares EE.UU., Rusia, China, Francia y el Reino Unido (miembros del Consejo de Seguridad de la ONU). También tienen bombas la India, Pakistán y Corea del Norte (fuera del Tratado de no Proliferación Nuclear). En Israel, dice Grossi, hay una «opacidad sobre la que se piensa que puede tener armamento, pero sin confirmación».

Pese a las tensiones, Grossi destaca que el estado actual de la proliferación en el mundo es significativamente menor que en el pasado, pero aún está en niveles preocupantes. «El proceso [de desarme] tiene altos y bajos. En el pico de la Guerra Fría había 70.000 ojivas.

Hoy estamos mejor porque hay 15.000, pero eso es muchísimo porque con unas pocas se puede destruir el planeta entero», advierte.

Grossi -número dos de la OIEA entre 2009 y 2013- presidirá en 2020 la conferencia internacional sobre la revisión del tratado de no proliferación de las armas nucleares, donde se analiza cómo se aplica artículo por artículo y el estado actual en materia de desarme mundial. El encuentro se hace cada cinco años y en 2015 fue un fracaso. «Hubo demasiadas tensiones y los países no se pusieron de acuerdo en un análisis común», dijo el diplomático, que aspira a cambiar esa tendencia.

Pero ¿qué puede aportar la Argentina, que no tiene arsenal, en un mundo con ese nivel de tensiones? «La Argentina tiene 70 años de experiencia ininterrumpida en el área», explica Grossi. Sostiene que nuestro país tiene «una política activa en materia de energía nuclear» y destacó el rol de exportador de energía a través del Invap y de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

«La Argentina tiene una posición interesante, ni de hegemonía ni de dominación, pero sí dentro de los proveedores mundiales de energía nuclear. A través del G-20, el Gobierno buscó tener participación activa y constructiva en temáticas internacionales donde el país puede hacer un aporte. Y en este tema se puede hacer un aporte real», concluyó. 

Fuente: La Nación